Bebé prematuro

Revisión del primer año

Con el primer cumpleaños del pequeño, llega la revisión del primer año, y por partida doble. Hemos estado en neonatos y en el pediatra, y tocan, además, vacunas.

La visita a neonatos fue unos días antes que al pediatra. Nos preguntaron por el día a día del pequeño, su alimentación, los cambios desde la última visita. La doctora que lleva al pequeño en neonatos nos tranquiliza mucho, nos da pequeños consejos y cuando revisa al pequeño lo hace con mimo y con cariño.

20170529_185414Con un año y ocho dientes, el pequeño ya podría empezar a comer trocitos sólidos, pero las veces que lo hemos intentado, nos ha vomitado todo lo que hubiese comido antes, así que nos dijo que lo hiciesemos al revés (darle los trocitos sólidos antes de la cena: jamón york, pavo, pescado desmigado,…) y tal vez esperar un poco, más adelante, que no tuviésemos prisa en este sentido.

En cuanto a su desarrollo motor, aunque no repta, ni gatea, sí que hace por intentar coger cosas y lo de querer ponerse de pie es muy positivo. Tiene buen tono muscular. Tampoco nos preocupa que no gatee, el mayor tampoco lo hizo. No todos los niños gatean, aunque en atención temprana se lo han tomado como un desafío. Lo que sí es importante es que el niño hace por moverse, intentar coger cosas que están fuera de su alcance, de esta manera la doctora descartó problemas de movilidad. El ser un gran prematuro y haber nacido con bajo peso implica que su desarrollo va más lento, pero no se detiene, y eso es lo importante. Tampoco se detectaron asimetrías en sus movimientos.

En lo que se refiere a su crecimiento, parece que hemos entrado con fuerza en la curva de percentiles. Hace unos meses, comenté aquí que el pequeño estaba en el percentil 3, pero aquello fue efímero. Ahora parece que sí está en la curva de percentiles y es para quedarse.

La visita a la pediatra de la Seguridad Social para la revisión del primer año fue un poco caótica. Tardamos una hora en entrar, el pequeño empezó a cansarse y a ponerse tontorrón, lloroso. Se le notaba que quería actividad. Por fin, ya nos tocó, y la enfermera estuvo revisando su cartilla de vacunación, le pesó y le midió. Y para mi sorpresa me estuvo pidiendo algunos datos del niño, como el peso y talla al nacer, cuando le dieron de alta… Me dijo que no tenía esos datos, lo cual no deja de ser sorprendente puesto que desde octubre somos pacientes suyos.

Avisó a la pediatra para que le hiciese la revisión y hubo dos cosas de la revisión que nos dejaron con la boca abierta. Una, el color del niño. Según la pediatra, el pequeño estaba anaranjado por exceso de carotenos (es decir, que come muchos alimentos naranjas: zanahoria, calabaza, naranja,…). Debemos eliminárselos o reducirle su ingesta. La verdad es que yo al niño le veo cara salud, con sus mofletes y hasta un poco moreno de tanto paseo. Pero, vale, le echaremos menos zanahoria en el puré.

La otra cosa que nos dejó boquiabiertos es que nos dijo que no le bañemos en piscinas grandes. Con la ola de calor tórrido que tuvimos hace unos días, estuvimos yendo a la piscina prácticamente todos los días y, evidentemente, los niños se han metido en el agua. El mayor durante más rato que el pequeño, porque20170529_194330 lo disfrutaba tanto que, a veces, nos resultaba difícil sacarle del agua.

El caso es que la pediatra nos dijo que los bebés no tienen aún suficiente capa de grasa corporal y que en las piscinas grandes se enfrían y luego le llegan a la consulta malitos. Nos recomendaba una piscinita hinchable para que él se bañe, con agua de la ducha. Por supuesto, le dije que ya le habíamos metido en la piscina y que además lo había disfrutado mucho. No nos regañó, pero hizo hincapié en su recomendación.

Después, pensando en esta recomendación, me di cuenta que en la piscina había muchos más bebés, más mayores o más pequeños que el pequeño, bañándose con sus padres. Me preguntaba cuántos padres habrían recibido la misma recomendación.

Y para rematar la visita, al pequeño le tocaban las vacunas. Se llevó tres pinchazos como tres soles. El pobre lloraba a cada pinchazo más y más, pero se vengó a su manera, haciéndose pis dos veces.

Y ya hasta las vacunas de los 15 meses. Ahora a disfrutar del verano.

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