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Cuando toca viajar por trabajo

Hace apenas quince días que me he reincorporado a trabajar después de una larga baja por maternidad. Yo diría que aún estamos en pleno proceso de adaptación, tanto en casa como en la oficina. Nos hemos encontrado con muchas nuevas rutinas a las que tenemos que ir adaptándonos todos, niños y adultos.

Al reincorporarme, mi jefe me preguntó mi disponibilidad para viajar en apenas unos días. Tras la sorpresa inicial, le dije que no tenía problema, aunque mentalmente estaba pensando en la logística doméstica. También he de decir que sólo he pasado una noche fuera de casa. He ajustado el programa de mi viaje lo más posible para pasar el menor tiempo posible fuera de casa. También es verdad que mi jefe conoce mis circunstancias personales y fue comprensivo cuando le dije que pasaría fuera de casa el menor tiempo posible.

Esta primera experiencia no ha ido mal, aunque sí que es cierto que pensaba a menudo en mis chicos. Además, ha coincidido con la primera excursión del mayor en la guarde. Han sido dos días, pero cuando volvía a casa me parecía que había pasado fuera una semana.

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El día que me iba tuve la suerte de que el pequeño se despertó pronto con hambre, así que pude darle un beso antes de salir para el aeropuerto. El viaje fue pesado, pero al final en mi destino tenía reuniones y visitas que hacer que poco tiempo me daba a pensar en mis chicos, aunque cuando veía un tranvía sí que pensaba: “¡uy! cómo le iba a gustar al mayor” o cuando veía a una mamá empujando una sillita por las calles adoquinadas también me acordaba del pequeño.

A media tarde del primer día de viaje pude llamar a mi marido que me dió rendida cuenta de sus andanzas: comidas, meriendas, siestas,… y el mayor se puso un poquito al teléfono 🙂 De fondo, oía el parloteo del pequeño.

La tarde del día siguiente, ya volvía para casa, pero el viaje se me hizo eterno, tenía la impresión de que iba cubriendo etapas del viaje (tren, aeropuertos, aviones, taxi,…), como quien hace una gymcana, sabiendo que al final del camino estaba mi premio. Cuando llegué a casa, el mayor me estaba esperando, aunque para él era un poco tarde para irse a la cama, pero como al día siguiente era sábado, no nos preocupó en exceso.

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Estación central de Amberes. Foto hecha por mi

El programa del viaje ha sido intenso, en parte, porque yo lo he querido así, para evitar estar fuera de casa mucho tiempo, por muchos motivos. El primero y principal es que echo mucho de menos a mis chicos. El segundo es que para uno solo los dos, al ser tan pequeños, dan mucho trabajo y entre dos se lleva mejor. Es más fácil dividir las tareas y encargarse cada uno de un niño. Porque nosotros hacemos equipo.

Personalmente, la experiencia no ha sido mala. Reconozco que iba un poco obligada. Irme de viaje tan pronto tras mi reincorporación me supuso una sorpresa, ya que al cambio de rutinas o de las rutinas nuevas que hemos ido introduciendo en nuestras vidas, el viaje ha supuesto un pequeño descabale doméstico, pero yo creo que hemos superado todos la prueba con nota, sobre todo, papá.

Y vosotras, ¿qué tal lleváis iros de viaje dejando a la familia en casa?

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