Bebé prematuro

Diagnóstico: broncoespasmo

Hace unas semanas, os contaba que el pequeño andaba con tos. Una tos que le salía de lo más profundo de su cuerpecillo. A la tos, había que añadir unas legañas en los ojos que apenas le permitían abrir los párpados. Así que un día, cansados de ver que esa tos no se iba y que lo de las legañas iba a más, decidimos llevarle al médico, le llevamos a urgencias, al hospital.

Allí, aparte de regañarnos porque primero hay que ir al centro de salud (error nuestro), le diagnosticaron un catarro de vías altas. Así, sin más. Le hicieron un lavado nasal, del que él se vengó repartiendo mocos a diestro y siniestro. Sin tratamiento alguno, porque los catarros hay que pasarlos, y con la recomendación de hacerle lavados nasales y de limpiarle los ojitos con suero fisiológico, nos fuimos para casa. Esto era un miércoles.

El fin de semana lo pasó fatal, la tos iba a más, lloraba, estaba irascible, la tos le provocaba vómitos. Así que pedí cita por internet (gran invento) y el lunes a primera hora estábamos en la consulta de nuestro pediatra de la Seguridad Social. Tras examinarle muy concienzudamente, me dijo que el niño tenía sibilancias. Me temí lo peor, puesto que es uno de los síntomas de las bronquiolitis.

Sin embargo, la pediatra me lo debió de notar en la cara y me dijo es un broncoespasmo, no es broquitis ni bronquiolitis. Y mi pregunta fue ¿y ahora qué hay que hacer? Su respuesta: aerosoles y antibiótico. El tratamiento iba a durar una semana, al lunes siguiente le revisaría y en función de su estado, continuaría o no con el tratamiento.

Era nuestra primera vez con los aerosoles. El mayor nunca había tenido un catarro tan fuerte como para que le recomendasen aerosoles. Así que desde la consulta del pediatra que me explicó muy detalladamente cómo era el tratamiento, me fui directa a la farmacia. En la farmacia, me vendieron una cámara de inhalación (que está cubierta por la Seguridad Social) y una mascarilla adecuada para el niño (que no la cubre la Seguridad Social). El farmacéutico, muy amable, me explicó muy visualmente cómo funcionaba la cámara con los aerosoles. Así que con todo el cargamento (2 aerosoles + 1 antibiótico + la cámara + la mascarilla) nos fuimos para casa.

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Cámara de inhalación
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Mascarilla
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Todo montado

El antibiótico, vaya, se lo tomaba más o menos, pero los aerosoles… eso ya era otro cantar. Nos teníamos que poner los dos con él, porque lo de la mascarilla en la cara no lo aguantaba (además, la mascarilla tampoco trae una gomita o algo que ayude a sujetarla).

Menos mal, que cuando volvimos al lunes siguiente, el pequeño ya no tenía ningún ruido y pudimos guardar todo el arsenal. Esperábamos que se quedase guardadito mucho tiempo, pero a los 10 días se le ha repetido el broncoespasmo, así que la pediatra le ha puesto un tratamiento con aerosoles hasta finales de junio.

Nos hemos pasado todo el invierno temiendo a la dichosa bronquiolitis, y llega la primavera y al primer cambio de tiempo, ¡zas! un broncoespasmo… Está claro que el pequeño no tiene un sistema inmunitario suficientemente maduro, consecuencia de su prematuridad, y que tendremos que ser mucho más cuidadosos para evitar futuras visitas médicas.

Vuestros peques ¿qué tal han pasado el invierno?

 

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