Bebé prematuro

La llegada del pequeño (Parte 2)

¡Hola, de nuevo! Vamos a seguir con la llegada del pequeño, un tanto precipitada. A ver, ¿dónde lo habíamos dejado?… sí, en que yo ingresaba para la cesárea…

Bien, antes de ingresar, la ginecóloga me indicó que tenía que pincharme para madurar los pulmones, una vez por la tarde y otra, 12 horas después. Tan precipitado fue todo, que no tenía ropa de prematuro, ni pañales ni nada… De urgencia, y porque el centro comercial nos pillaba de paso, le compré unos bodies… ese fue nuestro primer contacto con el mundo de los prematuros.

Hicimos la maleta deprisa y corriendo, organizamos a la familia para que, por turnos, se quedasen con el mayor. No sabíamos cuánto tiempo estaría ingresada, nada era como lo habíamos planeado.

Cuando ingresé, todo era un ir y venir de enfermeras, que si me tomaban la tensión, que si un análisis de sangre, otra vez la tensión… y ya, por fin, a dormir. A las 6 de la mañana, empieza otra vez el trajín, otra vez la tensión, la temperatura, me tenían que rasurar para la cesárea, me tenía que duchar (con un jabón antiséptico que me dieron ellos), no hubo desayuno (puesto que me iban a poner anestesia), y me engancharon a los monitores. Y así estuvimos 3 horas, tumbada del lado izquierdo.

Cuando vinieron a eso de las 11 de la mañana, a tomarme de nuevo la tensión, le pregunté a la enfermera si me podía cambiar de lado, que ya tenía el lado izquierdo plano. Al cambiarme de postura, y aunque ella me recolocó los monitores, a los pocos minutos, la señal cayó drásticamente. Dos minutos más tarde, entraban en mi habitación un celador y la anestesista y la frase “nos vamos”… me quedé helada. Me habían programado la cesárea para la 1 y aún faltaban un par de horas.

Camino del quirófano, con el papá a un lado y la anestesista al otro, empecé a temblar y no dejé de hacerlo hasta dos horas más tarde. No se si de frío (esos camisones de quirófano son finísimos) o de miedo (no sabía lo que venía a continuación). Pero ahí estaba la anestesista para tranquilizarme y darme cháchara (¿haces ejercicio?, ¿Cómo se va a llamar el pequeño?, ¿tienes más hijos?…). También me contó de forma llana lo que iba a pasar a lo largo de la cesárea… y llegó el momento, y al ratito me enseñaron al pequeño y se lo llevaron rápidamente a la UCI Neonatos. Creo que a partir de ese momento, empecé a relajarme pero no a dejar de temblar como una hoja.

El pequeño a Neonatos, papá en el pasillo sin saber muy bien qué hacer y yo a reanimación un par de horas.

Ya éramos una familia de cuatro y empezaba nuestra andadura como “papás primerizos” de un bebé prematuro.

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