Bebé prematuro

La llegada del pequeño (Parte 1)

Cuando me quedé embarazada del pequeño, fue una gran alegría, queríamos que los hermanos se llevasen poco y si se cumplían las predicciones, se llevarían dos años justos. Sin embargo, los planes no salieron como nos hubiera gustado.

Hasta la semana 20 todo iba bien. Yo había cogido el peso justo (tal vez, un poco más) y el bebé se iba desarrollando con normalidad. Tras la ecografía de la semana 20, el ginecólogo me dijo que me quería volver a ver en 5 semanas, a modo de revisión, o al menos, así lo entendí yo en su momento. Ahora sospecho que vio algo que en ese momento no era preocupante, pero que había que controlar.

Cuando fuimos a revisión en la semana 25, me dijo que el bebé apenas había crecido desde la última revisión. Me aconsejaba un par de semanas de reposo relativo, algo pelín difícil con un niño de 21 meses en casa, pero no tener que madrugar para ir a trabajar ya me quitaba mucho estrés. El poco crecimiento del bebé podía deberse a mi propio estrés o a que la placenta no estuviese alimentando como debía al bebé. Yo todo lo más que había notado es que, en comparación con mi anterior embarazo, tenía menos barriga.

Volvimos a revisión en la semana 27. Fue la primera vez que oíamos hablar de “Crecimiento intrauterino retardado” (CIR). Decidí que no iba a buscarlo en Google, por el nombre deducía lo que podía ser. En la revisión de la semana 29, mi ginecólogo nos avisó que el bebé aunque había cogido algo de peso no era lo que debía haber cogido y que era probable que el embarazo no llegase a término. Me mandó ir a monitores.

Recuerdo que me dieron cita para monitores para un martes por la mañana. Cuando llegamos, nos pasaron a un box y me conectaron. Al principio, la enfermera, al ver el registro, pensó que el bebé dormía, así que le pegó un buen meneo a mi barriga, pero como el bebé no reaccionó mucho, le pidió al papá a que fuese a por un zumo a ver si el azúcar le animaba. Pero ni con esas. Le llevó el registro a la ginecóloga de guardia que nos indicó que nos tenía que ver ese mismo día mi ginecólogo.

Así que a las 4 de la tarde nos presentamos, en la consulta, y aunque no teníamos cita, nos atendieron. El asunto era urgente. Tan urgente, que cuando la médico que me iba a atender en el parto vio el registro de los monitores y todas las ecos anteriores, decidió que esa misma tarde, debía ingresar para hacerme una cesárea al día siguiente. El pequeño no aguantaba más tiempo dentro.

Desde que nos dijeron que había un problema con la placenta, cuanto más tiempo aguantase el bebé dentro era lo mejor para él a efectos de maduración. Sin embargo, llega un momento en que el bebé pasa a estar mejor fuera que dentro, aunque sea en una incubadora.

Para no hacer el post muy largo y para no aburrir, dejo la segunda parte para otro post 😉

 

 

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